¨YAMBÓ REAL MADRID¨

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Tanzania, un viaje más allá de la imaginación

Victoria por 1-3 frente a la selección africana ante 40.000 espectadores

No es que hayamos viajado al fin del mundo, ni que resulte impensable ir a jugar al fútbol a un país subtropical de África, es que se antojaba que Tanzania estaba fuera de los circuitos razonables donde un equipo de veteranos puede ir a jugar un partido. Ahora ya no: hemos abierto una nueva ruta en nuestras mentes y hemos ampliado la experiencia personal que aporta viajar gracias al hecho de ser futbolistas, de seguir siendo futbolistas por encima de muchas otras cosas y de seguir sintiendo el orgullo de jugar con nuestra camiseta. Afortunadamente la Asociación de Ex Jugadores del Real Madrid agrupa nuestras voluntades y podemos hacer con el espíritu madridista que conlleva orden y disciplina entre otros valores, desplazamientos que van más allá de la imaginación. Claro que, también somos felices cuando jugamos a 200 kilómetros de Madrid y salimos en autobús. Sinceramente creo que lo que no nos falta nunca es ese espíritu que como todo el mundo sabe, deportivamente siempre busca la victoria en Tanzania o en Osuna por un camino que empieza por respetar al contrario y ofrecer la mejor imagen posible dentro de los cánones deportivos.

 

 

El viaje ha resultado, además de otras sensaciones y emociones, un comprobante de lo larga y honda que es la fama y el prestigio de la casa a laIMG 5954 que pertenecemos y de la gran satisfacción que es viajar con un grupo como el nuestro desde muchos puntos de vista. En muchas ocasiones hablamos de ello y siempre hay consenso: nos sentimos unos privilegiados por lo que damos y por lo que recibimos de nuestra Asociación. Ha sido uno de los más agradables desde hace muchos años a pesar de las más o menos 26 horas entre la ida y la vuelta que hemos estado dentro del avión. Alguien dijo al tocar suelo español: Creí que una semana me resultaría corta, pero…no”. Supongo que lo mismo pensaba la mayoría. Desde el primer momento África y sus realidades empezaron a estar presentes y cada instante era propicio para sentir, compartir y disfrutar. Desde el principio fue llamativo sentir el imponente poderío de nuestros escoltas que, de pie, coronaban un inmaculado Land Rover grís con sus uniformes verdes, su piel negra y sus boinas granates. Manejaban el tráfico y resolvían con prontitud y dura determinación cualquier imprevisto. Normalmente quien viaja a África como simple turista no siente en todo momento la protección que nos han brindado. Desde que bajamos del avión hasta que volvimos a subir de regreso, la vigilancia por nuestra seguridad ha sido de día y de noche.

 

Lugar idílico

GRM 113Aunque el Gobierno Tanzano nos ha procurado eventos que no sabíamos y ha improvisado actos que no esperábamos se percibía que nos respetaban y que nos cuidaban como a oro en paño. En ese sentido nos hemos sentido muy bien acogidos y muy respetuosamente tratados. Esta gallarda sección de élite del ejército impecablemente pertrechada nos acompañó del aeropuerto de Dar es Salaam hasta el Ledger Bahari Beach Hotel, nuestros ojos no dejaban de mirarlo todo. La gente nos miraba y algunos nos saludaban. No es que los 6 millones de ciudadanos que tiene la capital estuvieran en las calles, pero todo el mundo que andaba por ellas se paraba y se congregaba para ver la comitiva que detenía el tráfico allá por donde pasara. La mayoría adelantaban el brazo y levantaban el dedo gordo hacia el cielo. Resultaba un gesto acogedor y humanamente positivo. Había que creer entonces que nuestra presencia les resultaba estimulante y emotiva.

 

El calor era soportable. Yo diría que los primeros días el clima fue agradable. Estábamos en la época seca que va desde finales de mayo hasta septiembre. Un grupo de música y danza nos recibió en el espectacular recinto del restaurante a ritmo infernal de frenesí tropical tanzano. Era la bienvenida… “Yambó Real Madrid”. Que.. ¿qué tal? (en swahili). Pues con una buena paliza en el cuerpo hombre, pero contentos. Pertrechados con nuestro armamento para mosquitos y sin olvidar la medicación tomamos posesión de las habitaciones en bungalows de dos pisos entre la playa y un extenso jardín con pájaros y árboles que nunca habíamos visto en directo. A alguno ha habido que recordarle casi todos los días que engullera la pastillita para la malaria. Uno de los pájaros, el que su canto parecía el claxon repetitivo de un coche de juguete, era un calao, fácil de confundir con un tucán. Y entre los árboles, majestuoso, con la piel gris y enorme como varios elefantes juntos elevándose al cielo sus trompas, un baobab imponía su mágica presencia. Sus ramas parecen gruesas raíces disminuyendo a medida que alcanzan la copa. Eso le ha hecho un árbol de leyenda. Los cuervos tropicales, listos hasta lo increíble, abundaban cerca del restaurante y del bar y no dejaban caer una migaja al suelo y de representar una aseada simbiosis entre humanos y aves. Eran sus posesiones, pero no molestaban a nadie. La vista desde las habitaciones daba al Índico y la playa techada con cocoteros invitaba a evadirse bajo el sol o las sombrillas. El mar cambiaba de color, a ratos estaba turquesa cerca de la blanca arena de la playa.

 

De la Red, figura del partido con sus tres goles

GRM 8El avión de Madrid había partido más allá de las diez de la noche y hubo escala en Dubai de varias horas y después el trayecto hasta Dar es Salaam bordeando el océano Índico pero a 10.000 mtrs. de altura. Una noche que pasaba factura. A las dos de la tarde del día siguiente, repuestos de sueño, nos encaminamos al Estadio Nacional de Tanzania donde íbamos a enfrentarnos a un contrario desconocido. Más de 40.000 personas expectantes disfrutaron del partido. Los quiebros de Figo, el poderío de Karembeu en el centro, y la eficacia y seguridad de Cannavaro en defensa con Fernando Sanz conferían al acontecimiento un rango de vistosidad y acontecimiento futbolístico. El entusiasmo del público tanzano resonaba a veces en la ovalada amplitud del estadio y amplificaba sus gritos. El goleador fue Rubén de la Red con tres tantos. Como el chico está sobrado y la toca de cine acierta con todo, aunque, en esta ocasión los caños no le salieron. El equipo tanzano era poderoso físicamente y jugaban bien. Coke Contreras y Emilio Álvarez estuvieron medio tiempo cada uno en la puerta a su altura de cracks. El centro del campo, con Tote, Juanma y Morán fue la línea que más doblegó a los tanzanos, que fue eficaz mediante un vistosísimo y depurado juego. Después también con Pepe Salguero, Cabrera y De las Heras el juego se mantuvo al mismo nivel. Los que actuaron de defensas Palencia, Sabido, García Cortés, Rojas, Ramón Grosso, Mesas y un servidor hicieron un papel serio y solvente. Nadie se quedó sólo para mirar, Castro también tuvo sus minutos de presencia. Todos contentos. El 1-3 nos dejó satisfechos. Nuestro capitán Sabido recogió el trofeo de manos del presidente de Tanzania Jakaya Kikwete, con el que tuvimos el honor de compartir la cena posterior al partido como invitados en su palacio presidencial.

 

Al día siguiente partimos muy temprano hacia el monte Kilimanjaro. Todo un icono de África y del planeta tierra que no pudimos ver. A pesar de su más de 5.000 mtrs, es la más alta cima africana, las nubes densas y opacas no permitieron ni vislumbrar su belleza. Una lástimafigo1 pero el fiasco invita a volver. El día resultó trepidante: recibimiento en el aeropuerto con un grupo de folklore tanzano y fotógrafos y cámaras por todas partes; parada para un agasajo con cerveza y fotos en una escuela y peña futbolística tanzana; llegada al hotel y enseguida al bús para hacer kilómetros hasta el kilimanjaro. El Monte estaba allí, desde luego, pero detrás de un cortinón de nubes cerradas y no lo vimos. Visitamos un bello paraje de un parque natural que recordaba a aquellas “pelis” donde se mostraba una naturaleza paradisíaca africana. Después, de nuevo en marcha hacia un hotel muy elegante en medio de un bosque subtropical, para ser más exactos. Allí fuimos recibidos de nuevo por un grupo musical y de danza de coloridos trajes y lindas canciones; comimos algo y enseguida nos pusieron en marcha otra vez. Visitamos un estadio con mucha gente joven y firmamos autógrafos; antes de cerrar el día asistimos a una cena cuyo punto de inflexión era sentarse a la mesa con los veteranos del Real Madrid. Nos regalaron camisetas, café y té. Agotador pero estupendo.

 

Visitas al Kilimanjaro y al Ngorongoro

GRM 654A las 6 de la mañana del día siguiente nos esperaban casi doscientos kilómetros hasta el punto de destino pasando por tierras masais; después atravesar el parque natural del lago Manyara para subir hasta el Ngorongoro. El pinchazo de uno de los coches se arregló en menos de veinte mts. Nos acompañaba a este viaje desde Dar es Salaam la ministra Felena, titular de Deportes y Cultura. Antes de entrar en el cráter vimos con nuestros ojos lo que tantas y tantas veces apareció en la tele: el emblemático pueblo masai. Fuimos invitados a visitar las reducidas chozas de su poblado. Apenas 8 o 10 metros cuadrados para dos rudimentarios aposentos y un breve espacio para el fuego. Reunidos en una fila los hombres y enfrente las mujeres de igual modo, vimos sus saltos y oímos sus guturales sonidos al exhalar el aire vaciando sus pulmones y llenando el aire de atávica espiritualidad. Era como el soplo de la vida desde que somos humanos, como un rumor que reflejara lo misterioso que llevamos dentro. Quizá la voz de Dios. No demasiado lejos de allí, al noreste de Tanzania, en el valle del Oldubai se inicia la andadura del ser humano hace más de un millón de años. Nuestra raza tuvo en sus orígenes la piel negra; lo genuino y noble hablando de personas es el color negro de la piel. Saber esto ayuda a pensar en lo ridículo que resultan aquellos que sienten superioridad por ser blancos. El pueblo masai nos dejó la impresión que más o menos sabíamos de ellos, elegantes, educados, y respetuosamente orgullosos.

 

IMG 6183Inmediatamente nos lanzamos con los nueve rovers de safari hasta el fondo del cráter. Aunque habíamos hecho fotos a cebras, babuinos y antílopes y a una jirafa que se camuflaba habilidosamente entre los árboles y los arbustos antes de alcanzar el cráter, íbamos con la esperanza de verlo todo, pero claro todo significa principalmente ver al rey y a sus leonas. La estación seca no es la de más belleza y abundancia en que se puede ver el Ngorongoro. En febrero su paisaje alcanza un cromatismo de pintura impresionista y una variedad de plantas y flores en su esplendor. Aún así, el cráter, de trece kilómetros de largo y casi lo mismo de ancho, resulta bello. Su paisaje es primitivamente mágico. Y el circo que forma el cráter de más 200 mts de hondo es un espacio cerrado y abierto al mismo tiempo. Las sierras del monte Ngorongoro que da nombre al cráter y su parque, son largas y conforman un paisaje abierto a la luz y cuajado de bosque tropical. El cráter es uno de esos lugares donde la naturaleza se dice a sí misma con una versión terrena y cósmica de la naturaleza. Hay una musicalidad en los tonos del paisaje y en sus formas. El Ngorongoro apenas tiene árboles. Hay un denso palmeral con mucha agua donde abundan los hipopóptamos y otros grupos de árboles diseminados por aquí y por allá. Pero tiene alma.

 

Iniciativa solidaria con los niños

Acabamos viendo leones. Recorrimos largos tramos de los distintos carriles que hay en el parque. Bueno, un león y tres leonas. Las dos últimas IMG 6285empezaban a preparar la estrategia de caza y caminaban con las patas semiflixionadas. De regreso en Arusha visitamos otro estadio con mucha gente expectante antes de recoger las maletas y dirigirnos al aeropuerto. De nuevo íbamos con retraso. Suponemos otra vez que la presencia de la ministra fue la causa de que el avión nos esperase. Fue estupendo llegar al Hotel de Bahari Beach, era un poco como volver a casa. Algo de sosiego aunque fuera un poco. No me quiero olvidar de un asunto muy interesante y noble. Uno de los nuestros, Ramón Grosso, visitó por la mañana una ONG llamada Kidtare dedicada en Dar es Salaam a recoger, alimentar y educar a niños sin hogar. Le acompañaron Andrés Sabido –qué buen compañero para el viaje y para la vida-, Amavisca –que no pudo jugar el partido por molestias musculares-, Rojas y su esposa María. Venían emocionados y llenos de algo de lo que es difícil hablar. Los chicos para darles la bienvenida -el “Yambó” tanzano- habían aprendido el himno del Real Madrid y se lo cantaron a los nuestros un grupo de niños y niñas. Ramón grabó un video y lo mostró emocionado al llegar al hotel. La fundación que ha creado en compañía de sus hermanos y que lleva el nombre de su padre, el que fuera delantero centro del Real Madrid y uno de los históricos del club, tiene previsto ayudar en algunos países africanos. Particularmente en el Chad donde por una cantidad pequeña de euros se puede construir un pozo de agua que daría la vida a mucha gente. Esta es la razón por la que Ramón ha querido ir cogiendo experiencia y comprobar como trabajan las ONG “in situ”. La “Fundación Ramón Grosso” ha nacido en junio pasado en el seno de una familia de futbolistas para hacer cosas necesarias y oportunas allí donde sea más urgente. Sinceramente es un motivo de alegría y de sano orgullo que uno de los nuestros y sus hermanos, hijos de un futbolista de la casa, hayan tenido una iniciativa altruista que ayude a mitigar los males de este mundo. ¡Enhorabuena chicos!

 

IMG 6125El último día se organizó una travesía en barca hasta una pequeña isla a una milla de la costa. Travesía movidita por el oleaje sin que a nadie se le rompiera el estómago y arribada sin novedad a una playa de arenas blancas y caracolas. Al final de la playa un baobab miraba hacia el continente africano con cierta nostalgia. Detrás de él había otros dos algo más pequeños. Era un islote donde apenas tres o cuatro nativos merodean por allí ofreciendo alguna hamaca o un paseo para conocer en media hora aquel pedazito de tierra junto al gran continente y ganarse unos chelines. El buen humor no ha faltado en ningún instante del viaje. Caminamos por el lado de poniente del islote, nos hicimos unas fotos y regresamos en dos horas. Contentos por no habernos mojado con los golpes de agua de las olas iniciamos, una vez anclada la barca y habiendo soltado cabo largo para evitar los vaivenes, la operación de desembarco en la playa. Fue en ese preciso instante en que Palencia de reojo vio acercarse algo grande que se abalanzaba sobre la barca. Era una ola. ”¡Cuidao”; “Cuidao; “Cuidao!” Pero ya era tarde. Parecía que estaba esperando ese momento precisamente para sorprendernos. Era una taimada ola que nos había estado esperando desde que nos habíamos subido a la barca para ir al islote. Era una ola traicionera, no era grande pero fue suficiente, que mejor dicho, nos esperaba desde el día anterior. ¡Es imposible que una ola de las que había allí saltara por encima de la popa de la barca con la proa ya en la arena y nos empapara a todos y cada uno de los 14 que nos disponíamos a salir de allí tan felices! ¡Qué precisión! Un cubo de agua para cada uno y la barca encharcada.

 

¡Asanté!

ministra y grupoAl día siguiente con el grupo divido por exigencias de los vuelos fuimos regresando a Madrid de nuevo vía Dubai. El viaje resultó impecable. Tuvimos tiempo de utilizar una mañana para ver Dubai durante tres horas y media y visitamos lo más significativo. Nuestro “coach” Geni que ya lo conocía de partidos jugados allí, nos hizo de cicerone y nos guió por la ciudad y sus centros comerciales para que se nos quitara el gusanillo a los que no lo habíamos visitado nunca. Sólo nos queda agradecer al Gobierno Tanzano, a TSN Group todas las atenciones prestadas y ¡como no! celebrar, una vez más, la existencia de nuestra Asociación. Lo hemos pasado muy bien. ¡Asanté Tanzania; asanté to your people! ¡Gracias a Tanzania y a su gente!

Ramón Cobo