DÉCIMO ANIVERSARIO DEL FALLECIMIENTO DE GROSSO

2786472 249pxEn la fría jornada del 12 de febrero de 2002 fallecía Ramón Moreno Grosso. Hasta el último latido de su corazón, hasta el último segundo de su existencia, sintió al Real Madrid como su propia vida.

En el décimo aniversario de su muerte, los recuerdos brotan a borbotones sobre este madrileño que se inició en la cantera del Real Madrid, que parte del año 1964 estuvo cedido al Atlético de Madrid para tratar de que el “eterno rival” madridista no descendiera a Segunda División y que, ese mismo año, heredaba el “9” de Alfredo di Stéfano.

Recibía el legado de un futbolista mítico cuando Ramón Grosso subió al primer equipo. Herencia que supo defender con la honestidad y profesionalidad que le caracterizaba, En los doce años como profesional, Grosso se convirtió en un clásico en las alineaciones del Madrid. Entre otras cosas por su incontestable esfuerzo y por su olfato de gol en su primera época como madridista. Cierto es que no era un futbolista excesivamente habilidoso y que, con el transcurrir de los años, fue perdiendo velocidad, pero nadie le podía discutir su tenacidad, su entrega y su pasión por unos colores que en todos los partidos defendía hasta la extenuación.

El 31 de agosto de 1976, tras un partido-homenaje frente al Slavia de Praga, en el que el Madrid ganó por 4-1, Grosso colgaba las botas para iniciar su carrera de entrenador. Atrás quedaban doce temporadas en las que jugó 365 oficiales, marcó 75 goles y conquistó siete títulos de Liga, tres de la Copa de España y una Copa de Europa. Apenas colgar las botas, Grosso comenzó su etapa de técnico, en la que siempre estuvo ligado al Real Madrid. Pasó por todas las categorías inferiores del club y fue segundo entrenador de Boskov, Amancio, Molowny, Beenhakker, Toshack, Antic y Benito Floro.

Un “hombre de la casa”, como se solía decir, que destacó por el pundonor que siempre puso de manifiesto en los cuarenta años que estuvo vinculado al club de Chamartín. Entró en la entidad en 1953 como canterano y causó baja en 1993, por una decisión de Ramón Mendoza que nadie llegó a entender. Años después, tras luchar con la larga enfermedad que padeció, aquel fatídico 13 de febrero de 2002, se nos iba para siempre una leyenda de aquel equipo de los “ye-yés” y una persona con un corazón tan grande o más que el estadio Santiago Bernabéu.

Luis Miguel González