PARADA Y FONDA EN LA BELLA DEAUVILLE

Amavisca: “Yo juego hasta con 40 de fiebre”

Butragueño: “Yo estoy para jugar veinte minutos”

LHcapitanesCuando comenzaba a clarear la mañana del 9 de septiembre de 2012, un agradable vientecillo recibía a los jugadores veteranos del Madrid que se iban a desplazar a Deauville, una bella localidad situada en el departamento de Calvados de la región de la Baja Normandía. Una villa francesa que está considerada como la “reina” de las playas normandas. A las nueve de aquella mañana salió el autocar que nos llevó al aeropuerto de Torrejón de Ardoz, en el que se incorporó Butragueño. Antes de embarcar en un vuelo privado de la Compañía Linxair, Amavisca tenía el gesto fruncido debido a un pequeño dolor en la garganta. “¿Qué si voy a jugar…?”, le preguntamos. “A qué cree usted que he venido. Yo juego hasta con 40 de fiebre”, mientras Butragueño matizaba: “Yo estoy para jugar veinte 20 minutos”.

Tras algo más de una hora y media de plácido vuelo, tiempo que algunos aprovecharon para echar una cabezada, la aeronave aterrizó en el aeropuerto de Deauville Saint Gatien, donde fue recibida por Bernardino Pascual, hijo de españoles (su madre nació en Ponferrada y su padre en Navalmoral de la Mata) y ex jugador del Havre Athletic C.F.A., que en todo momento se desvivió por atender a los integrantes del Madrid. Mientras llegaba el equipaje al autocar que nos iba a desplazar hasta el hotel Normandie Barriere, un chaval de unos diez años aprovechó la ocasión para que los jugadores le firmaran una camiseta del equipo blanco.

A punto de salir hacia Deauville, faltaba Buyo, que había vuelto al avión a recoger uno de sus móviles. “Llevó dos teléfonos móviles porque uno es para Galicia y otro para Madrid”, dijo con una abierta sonrisa. Un coche de la gendarmería francés y dos motoristas, con las sirenas ululando, abrían paso a la comitiva madridista. Cerca ya de Deauville, una inmensa caravana atascaba las estrechas calles. Parados, con los motores del autocar al ralentí, Luis Castiblanque, delegado de la expedición, con voz sonora dijo: “Señores, comprobarán que es un partido de alto riesgo el que vamos a jugar”. Los dos “Antonios”, Misena, el utilero, y Acedo, el fisioterapeuta, añadieron: “De alto riesgo y de gran expectación”. LMGzizou

Al llegar al hotel, una veintena de personas se encontraban junto a dos vallas. Algunas se fotografiaron con los jugadores del Madrid y, otras, esperaban cazar el autógrafo de actores y actrices, ya que ese mismo día se celebraba en Deauville la 38 Convención de Cine Americano. Tras un aperitivo y el almuerzo, cuando caían casi las dos de tarde sobre la acogedora localidad francesa, los jugadores se fueron a descansar, acordando con el entrenador, José Luis Morales, merendar a las cinco y media para, media hora después, partir hacia el estadio Jules Deschaseaux. En la merienda se presentó Karembeu, que se fundió en abrazos con los fueron compañeros durante su etapa en el Real Madrid.

El desplazamiento al estadio, donde Zidane y Makelele se unieron al grupo de jugadores, se hizo algo largo debido a otra apretada caravana. En Le Havre, ciudad del noroeste de Francia, situada en la orilla derecha del estuario del río Sena, junto al Canal de la Mancha, el Madrid fue recibido con grandes muestras de afecto. Antonio Misena llevó al vestuario las amplias y pesadas bolsas donde iban los equipajes. En el largo pasillo de los vestuarios se encontraba Michel Hidalgo, que en la primera final de la Copa de Europa (13-6-1956) se enfrentó al Real Madrid y anotó uno de los goles del Stade de Reims, que perdió por 3-4. Durante ocho años fue el seleccionador nacional, conquistando la Eurocopa frente a España en la final de 1984.

lhhotelFinalizado el partido, en la cuarta planta del estadio Jules Deschaseaux, tuvo lugar una cena a la que asistieron los veteranos del Havre Athletic y toda la expedición del Madrid. El ágape estuvo presidido por Antoine Rufenacht, alcalde de El Havre, y Jean Pierre Lowel, presidente del Havre Athletic, al que acompañaban los miembros de su junta directiva. En los discursos, tanto el edil como el máximo rector del club, agradecieron la visita del Real Madrid, alabando a los jugadores y al dilatado historial del club madridista. Manolo Sanchís y Emilio Butragueño agradecieron los elogios y la amabilidad con la que había sido tratado todo el grupo viajero durante su estancia en las dos ciudades galas. Tras el intercambio de obsequios, el Madrid recibió el trofeo que estaba en juego en el encuentro, y el presidente del Havre Athletic una placa de la Asociación de Veteranos. Asimismo, Bernardino Pascual recibió una camiseta del Madrid firmada por todos los jugadores.

Se regresó al hotel de madrugada. A las nueve de la mañana del lunes 10 de septiembre de 2012, el autocar partía hacia el aeropuerto galo. En la misma Compañía volamos hacia el aeródromo de Torrejón de Ardoz. En la Ciudad Deportiva de Valdebebas, bajo un sol de justicia, se puso el colofón al grato viaje. Atrás quedaba la parada y fonda en Deauville y un nuevo éxito de los veteranos del Real Madrid fuera de nuestras fronteras.

Luis Miguel González