UNA DECEPCIÓN PARA SACAR CONCLUSIONES

santamariaautorSi Pierre Coubertin levantase la cabeza se volvería a morir. El marqués de Coubertin fue el pionero del movimiento olímpico, fundador del Comité Olímpico Internacional y que presidió, si la memoria no me falla, desde su nacimiento, en 1896 hasta 1925. Me refiero con estas primeras líneas a que el espíritu olímpico que él enarboló pasó a mejor vida hace bastantes años. Ahora, en los tiempos que corren, no compiten amateurs, sino auténticos profesionales y, muchos de ellos, con contratos millones en sus respectivos clubes o entidades deportivas. A las Olimpiadas habría que denominarlas, desde mi punto de vista, los Juegos Mundiales Profesionales.

Dicho esto voy a entrar de lleno en el fracaso de la selección olímpica de fútbol sin hacer leña del árbol caído, pero sí con algunos matices. Recurriendo al tópico, cuando una cosa empieza mal no puede salir bien, el varapalo ante Japón del el primer envite de la competición, dejó aturdido al equipo español, aunque aún tenía tiempo de reponerse del golpe recibido. Llegó el partido contra Honduras y el tempranero gol de los hondureños, superado Jordi Alba por el delantero rival en el marcaje, influyó mucho en el ánimo de los jóvenes jugadores hispanos. La obsesión y los nervios por empatar lo antes posible conllevaron el dominio de tener más la posesión del balón, pero sin lograr hacer daño al adversario. Cierto es que se dieron circunstancias que nos perjudicaron en demasía: tres remates a los palos y dos fragantes penaltis de los que el árbitro no quiso saber nada, pero en el fútbol hay que tener en cuenta estas vicisitudes.

Luego hay otra cuestión que también voy a reseñar. Los olímpicos, los sub-19 y, en fin, todos los equipos inferiores de las selecciones españolas pretenden jugar como los “mayores”; es decir, tocar y tocar. Somos muchos los que hemos ejercido esta bendita profesión, como futbolistas y técnicos, los que no llegamos a comprender -y no me refiero sólo a las selecciones nacionales- que cuando se está en posición de tiro cerca o al borde del área no se dispare. Actualmente, haciendo la “pared” o con toquecitos, quieren llegar hasta el punto de penalti o ante las barbas del portero para marcar.

Por otra parte, cuestión en la que todos los aficionados al fútbol debemos reflexionar, pensamos que tras los éxitos de la selección absoluta, lograr tres títulos consecutivos, dos Eurocopas y un Mundial, vamos a ser campeones en todos los torneos o eventos deportivos en los que participemos. Por favor, no seamos tan ingenuos. En estos momentos, lo más importante es levantar el ánimo de los chicos y no cargar las tintas sobre el seleccionador. Luis Milla ha hecho lo que ha creído conveniente sólo pensando en los intereses de la selección olímpica y del fútbol español. Si los jugadores están decaídos, Milla lo está aún más porque es el máximo responsable. La gran decepción que todos nos hemos llevado con la selección olímpica del fútbol, él ha sido el primero en padecerla. Cuando se pierde, los entrenadores son los que siempre pagan los platos rotos. En definitiva, una decepción para sacar conclusiones